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La dinastía Montana

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joemontana_espn.jpgEl hijo mayor de Montana, Nate, se graduó de De La Salle High (Concord, California) y se inscribió en Notre Dame antes de hacer el pase a Pasadena City College el otoño pasado, para sumar experiencia.

joemontana_espn.jpgA Joe Montana nunca le han gustado las mudanzas, pero esta semana ha estado empacando todas sus pertenencias para dejar Thousand Oaks, Calif., el exclusivo barrio en los suburbios 40 millas al norte de Los Angeles, que él y su familia han considerado su hogar durante los últimos dos años, para regresar a San Francisco.

Durante el verano del 2008, la familia Montana se mudó de su casa de campo de estilo toscano de 49 millones dólares en Napa, California, hacia el sur de California para que el hijo de Montana, Nick, pudiese asistir a la preparatoria, Oaks Christian, y así desarrollarse bajo el mando del entrenador mariscales de campo de la familia, Steve Clarkson, quien recientemente fue noticia cuando su alumno de 13 años, David Sills, recibió una oferta de beca de USC.

El sacrificio parece haber dado sus frutos. Montana dejará a Nick, quien se graduó antes de tiempo, en Seattle, donde iniciará el campo de entrenamiento de primavera en Washington. El mariscal de 6'1'' de altura y 185 libras recibió ofertas de Notre Dame, Ohio State, Stanford, LSU, Alabama y Georgia, y escogió Washington.

"Fue una gran experiencia y una gran oportunidad para que Nicholas pudiese sacar una ventaja de cara a la universidad", dijo Montana. "Yo quería que consiguiese tantas ofertas de becas y oportunidades como fuese posible, y no eso no hubiese sido posible para él en el norte".

El hijo mayor de Montana, Nate, se graduó de De La Salle High (Concord, California) y se inscribió en Notre Dame antes de hacer el pase a Pasadena City College el otoño pasado, para sumar experiencia. Reanudará su carrera en Notre Dame en estos días, cuando el campo de entrenamiento de primavera comience bajo el mando del nuevo entrenador, Brian Kelly.


nate_montana_espn.jpgNate Montana, que era un mariscal de tercer equipo en De La Salle y quedó 12-19 en 166 yardas y un touchdown en tiempo de acción limitado durante su último año, quedó dentro de la rotación de cuatro mariscales de campo en Pasadena City. Completó sólo 31 de 88 pases el año pasado, para 324 yardas, con dos touchdowns y cinco intercepciones.

"Creo que ganó un poco de experiencia, pero no tanto como le hubiese gustado", dijo Montana. "Creció mucho en el aspecto mental. Ganó fortaleza mental, aprendió cosas nuevas, tuvo algunas peleas y se dio cuenta de que no siempre va a entender por qué las cosas suceden cuando suceden. Aprendió algo bueno, lecciones muy valiosas".

Montana dijo que nunca presionó a Nate, de 20 años, para ir a Notre Dame, su alma mater y colegio en el que se graduaron sus hijas mayores (Alexandra, 24, y Elizabeth, 23), pero está feliz de verlo volver y terminar lo que comenzó allí.

"Tiene el tiempo de su lado para entrar y tratar de conseguir un puesto en el equipo, algo que no tenía el año pasado", declaró Montana. "Es bueno para él, con la partida de Jimmy [Clausen] y un Dayne [Crist] que no está al 100 por ciento. El único otro jugador becado es el estudiante de primer año que llegó antes de Illinois [Tommy Rees]. Verá mucho tiempo de juego".

Crist, que es el titular previsto, se sometió a una cirugía de rodilla en noviembre y se espera que su tiempo de juego se vea limitado en la primavera, mientras Rees estará aprendiendo la ofensiva como jugador de primer año.

Los números de Nate no son impresionantes, pero él comenzó a jugar de mariscal de tiempo completo en su último año del colegio secundario, después de haberse dedicado al básquetbol. Voló a Los Angeles casi todos los fines de semana, mientras que la familia aún vivía en el norte de California, para trabajar con Clarkson, otra de las razones por las que Montana trasladó su familia al sur antes de la penúltima temporada de Nick. Con Nate en South Bend, Ind., dice que ahora debe recostarse en las conversaciones telefónicas para obtener consejos de entrenamiento de su padre.

"Llamo a mi padre todo el tiempo para hablar acerca de mis lanzamientos y de cómo me va cada día en las prácticas", comentó Nate. "Hablo con él acerca de lo que siento que estoy haciendo mal y él trata de ayudarme, de aconsejarme. Es difícil no tenerlo cerca".

Montana no delira cuando habla de las perspectivas de sus hijos en esta temporada, pero cree que ambos pueden ser sólidos mariscales de segunda línea si juegan bien en la primavera, y tiene pensando asistir a los partidos de primavera de Washington y Notre Dame para ver cómo lo hacen.

"Nick también está en una buena posición", dijo Montana. "No hay un montón de jóvenes detrás de Jake Locker [QB de Washington], porque su reserva se fue a principios de año, por lo tanto sólo están Nick y otro jugador de primer año. Cuentan con un gran cuerpo den entrenadores y le darán una oportunidad. Le va a llevar un tiempo porque es un juego diferente, pero estará bien".

El simple hecho de que los hijos de Montana estén jugando fútbol americano ya es una sorpresa para él. Nunca los quiso empujar a que jugasen en una posición que él mismo ha redefinido, temiendo que la carga sobre ellos fuese demasiado alta. Su esposa, Jennifer, nunca quiso verlos ponerse un casco, temiendo que los golpes que iban a tener que recibir serían demasiado para ella, después de lidiar con las lesiones que sufrió su marido hacia el final de su carrera.

"Todavía lucha con la idea", dijo Montana. "Ella ha visto por lo que he pasado yo, y no deja de repetirles: '¿Realmente quieren caminar como su padre?'"

nick_montana_usp.jpgLa temporada pasada, Nick completó 133 de 241 pases para 2,404 yardas y 33 touchdowns, con 7 intercepciones, en Oaks Christian (Westlake Village, California). Él es quien tiene el juego más parecido al de su padre, pero nunca antes había querido alinear como mariscal.

"Al principio, empecé a jugar porque quería golpear a los demás, así que comencé a jugar de apoyador y me encantó", relató Nick. "Luego, mis padres hicieron que me cambiaran de posición y empecé a jugar como mariscal en el séptimo grado. Mis padres no querían que mi hermano y yo jugásemos deportes de contacto, y nos llevó cerca de un año convencerlos de que nos permitieran jugar. Mi mamá no quería que jugáramos fútbol americano, pero fuimos muy insistentes y sólo fue cuestión de tiempo para que nos dejasen hacerlo".

Para Montana, uno de los aspectos más destacados de ver jugar a su hijo los viernes por la noche en Oaks Christian las dos últimas temporadas, era que a menudo se encontraba sentado en una sección de padres repleta de celebridades. El hijo del genio de la NHL, Wayne Gretzky, Trevor, era mariscal suplente de Nick, y el hijo del actor, Will Smith, Trey, era uno de los receptores de Nick.

"Hace años que los conozco", dijo Montana, respecto de ver los partidos al lado de Gretzky y Smith. "Fue un poco más difícil para Will que para Wayne y para mí. Siempre estábamos contentos cuando llegaba Hill, porque podíamos hacer cualquier cosa ya que nadie nos miraba a nosotros. Si él no estaba allí, la atención se centraba en nosotros, pero era genial. El hijo de Will, Trey, va a ser un jugador muy bueno, y Trevor también".

Cuando Montana mira a sus hijos ahora, no se lamenta no haberles enseñado algunas cosas con anterioridad, ya que dice que quería evitar la percepción de que estaba criando a sus hijos para ser mariscales de campo como él. Si decidían jugar en la posición de manera natural, iba a dejar que así fuera, pero nunca quiso ser de los que ponen un ovoide en la cuna.

Y ahora que ambos han elegido ser mariscales, Montana ha sentido un renacer en el fútbol americano. Todavía sonríe y se lame los dedos antes de hacer los pases a sus hijos cuando practican, y recobra el aliento cuando siente como si todavía estuviera jugando.

"Es más difícil verlos jugar", dijo Montana. "La parte más difícil es que sé exactamente lo que les está pasando, y quiero tratar de ayudar en todo lo que puedo, porque conozco los altibajos de la posición. Cuando Nick o Nate hacen algo mal, sé exactamente lo que sienten. Los mariscales conocen la sensación de esos altibajos, y no hay nada que se parezca. Cuando cometes un error siempre sobresale. Siempre se culpa al mariscal de inmediato, lo cual está bien, pero tienen que aprender a superar eso, porque van a cometer errores como todo el mundo. La diferencia es que el error que cometan ellos va a ser más notorio".

Mientras se prepara para regresar a San Francisco con Jennifer, con sus hijos ya adultos y desparramados por todo el país, Montana sonríe cuando piensa a quién tendrá que lanzarle el balón ahora que sus hijos se han ido.

"Jennifer lo hace bastante bien", dijo. "Tal vez tenga que jugar con ella".