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Estadio Olímpico, conjunción de valores y del espíritu universitario

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Abrió sus puertas al país y al mundo el 20 de noviembre de 1952

El corazón de Ernesto “Bruja” Sosa –quien jugó ese clásico inaugural- está aquí, porque así lo exige el paso del tiempo. Pero dentro de este órgano vital quedó encendida una llama, avivada cada que surge el recuerdo de la inauguración del Estadio Olímpico Universitario, mediante el Clásico, el 29 de noviembre de 1952. Hoy, hace 50 años.

Cincuenta años que para este legendario hombre se reducen a poco menos de un día, porque al revivirlo pareciera que aun permanece en el estadio, escuchando las porras de los aficionados, quienes jubilosos impulsaron a sus Pumas para obtener un dramático triunfo, a 30 segundos del final, sobre el Politécnico, en el día de la apertura de su casa al futbol americano. Marcador final: Universidad 20, Politécnico 19.

-Desde temprano llegó la gente para apartar un lugar. Tenía que ser así en un momento especial- rememora Sosa. Y es que en esa época era un honor jugar en los equipos de la Universidad, según refiere La Bruja. “Desde que iniciábamos en juveniles la meta era llegar a Pumas”. La vida fue generosa con él, pues le permitió ser uno de los afortunados que vistieron el uniforme azul y oro ese memorable día.

Nunca imaginó Sosa que esa experiencia lo convertiría, con el paso del tiempo, en un ejemplo del espíritu que forjaba entre sus deportistas la máxima casa de estudios del país. Con cierto dejo de nostalgia recuerda: “El Tapatío Méndez (Roberto, quien fue entrenador de Pumas) decía siempre que lo primero era el estudio, ya que el deporte solo duraba unos cuantos años. Hagan del futbol un medio, no su vida”.

Hoy, medio siglo después, la sonrisa ilumina el rostro de Sosa de igual manera que lo hizo hace 50 años, cuando tuvo el honor de integrarse al equipo que inauguró el Estadio Olímpico Universitario, como si aun estuviera viviendo el dramático juego.

Wilfrido Cruz, reportero del periódico Esto, recordaba en su crónica del juego puntos importantes, como el hecho de que la confrontación lució gracias al trabajo del arbitraje, que estuvo a cargo de árbitros estadounidenses, quienes fueron contratados en virtud de su carácter neutral, el cual demostraron con penalidades precisas, oportunas y enérgicas.

El clásico histórico

A las tres de la tarde con 27 minutos dio inicio el juego. Tocó al Politécnico dar el Kick off, mismo que recibió Ángel Noguera, quien lo regresó hasta la yarda 40 de la Universidad. Correspondió a los Burros Blancos abrir el marcador en el primer cuarto, en una ofensiva en la cual jugó un papel fundamental el corredor Cándido Trapero, quien tuvo que tomar el lugar del titular Guillermo Chucus Olascoaga, quien quedó fuera por lesión.

Trapero entró a las diagonales universitarias en acarreo de 5 yardas para dejar la pizarra 7-0, gracias al extra de Ismael Pimentel.

La respuesta universitaria llegó en el segundo cuarto, cuando Gustavo Pato Patiño reemplazó a Alberto García como quarterback. Con un envío de 20 yardas a Julio Ramos y extra de Manuel Yánez logró el empate a 7.

Posteriormente, ya en el tercer cuarto, Pumas tomó la delantera cuando Rafael Tikao Mathey penetró en las diagonales politécnicas con un acarreo de dos yardas. Extra de Yánez:14-7.

En un clásico nada está escrito: los Burros Blancos estuvieron a punto de emparejar, ya que después de una anotación, Pimentel falló el extra. En las tribunas, del lado del Politécnico se empezaron a encender antorchas con papel periódico.

Ya en el último cuarto, cerca del final, las huestes del padre Lambert tomaron una ventaja que parecía definitiva cuando El Tigre Medina escapó 28 yardas a la zona final con un off tackle que levantó a los aficionados politos de sus asientos. Pimentel volvió a fallar el extra:19-14.

La gloria estaba destinada para los de azul y oro. Llegó con 50 segundos en el reloj: el Pato Patiño realizó un engaño de carrera y mandó un pase a Juan Romero, quien escapó 45 yardas eludiendo rivales y siguiendo las excelentes bloqueadas de sus compañeros para consumar la anotación que dejó el definitivo 20-19, ya que el punto extra fue bloqueado. Las antorchas del lado guinda se apagaron. Del lado universitario empezaron a encenderse.

La emoción no paró ahí: en el regreso, Omar Fierro, del Poli, llevó el ovoide hasta la yarda 15 de la UNAM, donde fue detenido con el tiempo agotado.

El Estadio y su historia.

El 7 de agosto de 1950 inició la historia. Ese día, en una gran hondonada situada en el Pedregal de San Ángel, se colocó la primera piedra de lo que hoy es el majestuoso Estadio Olímpico Universitario y que el 20 de noviembre de 1952 abrió, por la mañana, sus puertas con una ceremonia inaugural, encabezada por el presidente Miguel Alemán y el rector Luis Garrido, para después, al filo de las 5:30 de la tarde, dar paso a los II Juegos Juveniles Nacionales.

A casi 53 años de su apertura, esta magna obra universitaria sigue siendo ejemplar por su valor plástico y escultórico. Fue el primer edificio construido en la gran área de lo que actualmente es Ciudad Universitaria, cuyas aulas principalmente estaban en el centro de la ciudad, en los palacios de Minería y de Medicina y la Academia de San Carlos.

El proyecto arquitectónico y la dirección estuvo a cargo de los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas Moro y Jorge Bravo Jiménez, quienes contaron con la valiosa colaboración del entrenador de futbol americano Roberto Tapatío Méndez y el profesor Jorge Molina Celis, decano del atletismo universitario.

La obra civil –en la cual participaron poco más de 10 mil obreros, quienes inclusive trabajaron las 24 horas del día- se construyó en solo ocho meses y su costo fue de 28 millones de pesos.

El Estadio Universitario –como fue conocido en esa época- se concibió con una visión futurista del deporte: se construyó con los más modernos adelantos tecnológicos de la época, dotándosele de espacio suficiente para que en su entorno se edificaran canchas de calentamiento, una alberca, un gimnasio cerrado y un jardín botánico.

La fisonomía del estadio –algunos dicen que se asemeja a un sombrero de charro; aunque para otros simula el cráter de un volcán- se logró gracias a la disposición de los accidentes topográficos del terreno. Está construido casi en su totalidad con base en mampostería de roca volcánica, aprovechándose al máximo el material propio del lugar.

Rodeado por grandes arterias de la ciudad –Universidad, Revolución, Insurgentes y Periférico- y desde donde se observan al Ajusco y los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. El Estadio Olímpico Universitario se yergue en una de las zonas más hermosas de la ciudad de México y en su lado oriente luce, orgulloso, el gran mural realizado por Diego Rivera conocido como Escudo de la Universidad, mestizaje y deporte en México.

Cubierto por un relieve de piedras de colores pintado por el artista Diego Rivera, un águila y un cóndor con las alas extendidas (que representan a México y al continente americano) sirven de cobijo a unos deportistas; al centro, un niño sostiene una paloma entre sus manos, mientras que en la parte inferior aparece una serpiente emplumada, emblema del México antiguo que recuerda las raíces y la cultura de los mexicanos.

La idea del muralista era decorar todo el talud con el tema El desarrollo del deporte en México desde la época prehispánica hasta la actual, del cual inclusive realizó los bocetos de la escultopintura. La falta de presupuesto y la muerte del artista plástico lo impidieron.

Al respecto, en una entrevista, Rivera –quien realizó otros dos murales ubicados dentro del palco de honor del estadio- declaró:

“La escultopintura del Estadio de la Ciudad Universitaria es, indudablemente, la realización más importante de mi vida de obrero plástico, simplemente porque a mis posibilidades individuales de invención y construcción, a mi sensibilidad creadora, se han sumado setenta sensibilidades de obreros admirables, de albañiles y canteros que son tan artistas como los doce pintores y arquitectos que hemos trabajado juntos; y cualesquiera que sean el valor, la sensibilidad y la potencia productora individual de un solo hombre, no pueden equivaler, ni de lejos, a la suma armónica de ochenta sensibilidades humanas unidas, integradas, para la realización de una obra que será para honrar y enaltecer a nuestra patria.”

Actualmente, el Estadio Olímpico tiene capacidad para 68 mil 954 espectadores y en 1968, en ocasión de los XIX Juegos Olímpicos, tuvo algunas modificaciones, entre ellas la utilización de un nuevo material para la pista: el tratan. También para evitar encharcamientos, se le dotó de un eficaz sistema de drenaje. Desde su parte más alta, El Palomar, se domina visualmente, más allá de la cancha, gran parte de Ciudad Universitaria.

Grandes momentos Olimpicos:

El coloso olímpico fue marco de hechos históricos marcados por una generación: los atletas estadounidenses de color Smith, John Carlos y Lee Evans aprovecharon la hora de recoger sus medallas y escuchar su himno para reivindicar ante el mundo la discriminación sufrida por los ciudadanos negros de su país. Lo hicieron enfundándose un guante negro en el puño que alzaron al cielo en lo que se denominó Black Power (poder negro).

En la eliminatorias de salto de longitud, Bob Beamon consiguió una marca de 8.19 metros y en la final –después de dos intentos fallidos- se fue hasta 8.90; un salto de otra época.

El tratan naranja del Estadio de Ciudad Universitaria –que ese año obtuvo el rango de Estadio Olímpico Universitario- recibió aquel aguerrido soldado mexicano de tez morena, José Pedraza que se colgó la medalla de plata en la prueba de caminata de 20 kilómetros, abriendo así una rica tradición de andarines aztecas.

Los africanos coparon todas las pruebas de fondo. La maratón la ganó el etíope Mamo Wolde, quien también consiguió plata en los 10 mil metros. El tunecino Mahoamed Gammoudi ganó en 5 mil metros. Los kenianos K.Keino, N Temu y A. Biwott ganaron las pruebas de 1500, 10 mil y 3000 metros con obstáculos, respectivamente.

Fue en el recinto universitario donde el atleta estadounidense Dick Fosbury ganó la medalla áurea en salto de altura, batiendo el récord olímpico con 2.24 metros. Pasaría a la historia por su revolucionario estilo de atacar el listón de espaldas, frente a los saltadores de su época que lo atacaban de frente para saltar.

En lanzamiento de disco se produjo otra hazaña olímpica: Al Oerter, de Estados Unidos, ganó batiendo el récord olímpico con 64.78 metros. Con este triunfo consiguió su cuarto título olímpico consecutivo en esta disciplina. En 800 metros el récord olímpico y mundial lo batió el australiano Ralph Doubell con 1:43.3 y el soviético Víktor Saneiev ganó su primer título olímpico en el salto triple.

En la ceremonia de clausura, al caer la tarde del 27 de octubre, el estruendo de 21 cañonazos retumbó por todo el estadio. En el campo, una vez retirados los obstáculos y concluida la competencia ecuestre del Gran Premio de Salto por equipos, última competición del programa deportivo de los Juegos Olímpicos, se inició el desfile de las 113 naciones participantes y finalmente, el fuego del pebetero quedó extinguido marcando así la clausura de los XIX juegos de nuestra era.

LOS CONSTRUCTORES

En la ejecución del anteproyecto de la Ciudad Universitaria colaboraron:

*Profesores

Arquitectos Augusto H. Álvarez, Mauricio M. Campos, Javier García Lascuráin, Marcial Gutiérrez Camarena, Vladimir Kaspé, Enrique Landa, Alonso Mariscal, Enrique de la Mora, Enrique del Moral, Mario Pani, Augusto Pérez Palacios y Francisco J. Serrano.

*Profesores ayudantes pasantes

Luis MacGregor, Vicente Martínez Páez, Vicente Medel, Homero Martínez de Hoyos y Enrique Molinar.

Pasantes: Max Amábilis, Jorge Bravo Jiménez, Fernando López Carmona, Salvador López Peimbert, Miguel Morales Guerra, Enrique Obregón, Enrique Olascoaga y Raúl Salinas Moro.

*Alumnos

Fernando Barbará Zetina, José Luis Benlliure, Alberto Castro Montiel, Armando Franco Rovira, Benjamín Gómez Rincón, Teodoro González de León, Javier Iturbe, José Luis Mendizábal, Alfonso Marrón, Pedro Moctezuma, Pedro de la Mora, Arturo Morales Guerra,, Guillermo Pérez Olagaray, Luis Enrique Ocampo, Agustín Ortiz Monasterio, José Luis Pineda, Guillermo Rossel, Óscar Sánchez Cordero, Felipe Siqueiros, Gabriel del Valle, Abraham Zabludowsky y José María Gutiérrez T.

Posteriormente, los arquitectos Mario Pani y Enrique del Moral quedaron encargados del plano de conjunto de Ciudad Universitaria y el arquitecto Carlos Lazo como gerente en la construcción de obras.

El sombrero de charro

* Su planta ovoide, inscrita en una circunferencia de 125 metros de radio, le da el aspecto de un cráter volcánico. Tiene 42 túneles de acceso, a través de los cuales la gente puede entrar y salir de él con suma rapidez y comodidad.

* El sistema de la isóptica de Estadio Olímpico Universitario permite que todos los espectadores tengan un ángulo visual óptimo, sin importar el lugar donde se encuentren.

* Para los partidos nocturnos hay cuatro torres de alumbrado de 48.08 metros de altura, cada una con 390 reflectores incandescentes de cuarzo-yodo de 2000 vatios.

* El estacionamiento del también llamado Estadio Olímpico México 68, dividido en 8 áreas, puede dar cabida a 5782 automóviles.

Escenario de importantes competencias

20 de noviembre de 1952: Inauguración oficial.

29 de noviembre de 1952: Sede del primer clásico de futbol americano jugado en C.U. Ganaron los Pumas a los Burros Blancos del Politécnico (20-19).

1954: VII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe

1954: se convierte en sede del equipo de futbol soccer Pumas de la UNAM.

1955: II Juegos Panamericanos.

1968: XIX Juegos Olímpicos.

1975: VII Juegos Panamericanos.

1979: Décima Universiada.

1986: Mundial de Futbol

1990: XVI Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe.