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Xalapa, cuna del Futbol Americano en México

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Por: A finales del siglo diecinueve Xalapa, la pintoresca y florida capital de Veracruz, vivía los mejores momentos de la llamada paz porfiriana. El largo régimen del general Porfirio Díaz continuaba una febril obra modernizadora que beneficiaba principalmente a los grandes capitales nacionales y extranjeros.

Este esfuerzo constructor se daba unos años antes de que la enorme injusticia social y la falta de democracia desembocaran en la sangrienta revuelta de 1910. En la Xalapa prerrevolucionaria, que contaba entonces con menos de 20 mil habitantes, los resultados de la notable cruzada educativa encabezada por el maestro suizo Enrique Rébsamen hacían de esta localidad un bastión cultural, cuya fama perdura hasta nuestros días.


Equipo de la Universidad de Yale 1893

Gobernaba la entidad veracruzana Teodoro Dehesa, un liberal admirador de Díaz desde su juventud. A pesar de su oposición a los “científicos” (nombre con el que se conocía a la élite política detrás del poder de la figura presidencial) Dehesa le fue fiel al dictador hasta que éste abandonó el país a bordo del buque Ipiranga en 1911.

Como algunos de los jóvenes de la alta sociedad del país, los hijos del gobernador, Teodoro y Raúl Dehesa Núñez, tuvieron la oportunidad de estudiar en el extranjero. Fue Nueva York la zona y la Staten Island Academy la escuela escogida por el mandatario veracruzano para la instrucción de sus vástagos. En esa institución, los jóvenes tuvieron contacto con un extraño deporte que atraía por su brutalidad a un número creciente de personas cansadas ya del puritanismo de la cultura norteamericana de aquellos años. Un deporte salvaje y sublime a la vez, al que los estadounidenses llamaban simplemente football.

En 1894 la desgracia tocó a la puerta de la familia Dehesa. Teodoro, el hijo mayor del gobernador, pereció de forma trágica y su cadáver fue llevado a Xalapa, en cuyas calles recibió el sentido duelo popular. Raúl permaneció en la capital veracruzana y ahí describió con todo detalle a sus coetáneos las características de aquel deporte que tanto había llamado su atención. El entusiasmo se contagió pronto entre aquellos jóvenes de la sociedad xalapeña y fue así que se organizaron dos equipos.

El tiempo y cierta falta de meticulosidad en las investigaciones han borrado de la memoria el suceso que marcó los inicios de la práctica del fútbol americano en México. Hay incluso quienes dudan sin razón alguna que este episodio haya ocurrido. Luis Amador de Gama, en su Historia Gráfica del Fútbol Americano en México, ofrece dos versiones: En una de ellas confirma el papel organizador desempeñado por Raúl Dehesa, pero sitúa el primer partido en 1890, lo que resulta imposible pues en ese año el segundo de los hijos de Don Teodoro era apenas un niño. En la segunda versión, Amador de Gama da una fecha más verosímil, 1896, pero lleva a unos marinos estadounidenses del puerto de Veracruz a Xalapa con la simple finalidad de jugar un encuentro con los jóvenes mexicanos.

El 21 de julio de 1942 el periódico deportivo Esto publicó una crónica más precisa, con nombres y apellidos reales de conocidas familias de la Xalapa porfiriana. Se lee en esta crónica (cuyo autor no pudo ser identificado) del entonces semanario:

“Una vez que Raúl, que entonces contaba apenas sus dieciséis años estuvo en Jalapa se puso de acuerdo con Augusto Sequeira y cada uno de ellos organizó un equipo de fútbol americano. Los entrenamientos tenían lugar en las lomas del (ferrocarril) interoceánico… El primer partido formal con público compuesto por las amistades de los jugadores se llevó a cabo el 17 de marzo de 1895 habiendo participado en él como jugadores: Octavio Rivadeneira, Aurelio Rodríguez, Manuel Matus, los hermanos Field, Luis del Valle, Augusto Sequeira, el mismo Raúl Dehesa, Leopoldo Kiel, el entonces prof. Balcárcel, Luis Sherwell, Edmundo Arizmendi, Chano y Pepe Aparicio, Manuel Arzamendi, Pedro y Luis Pasquel, Ángel Ochoa, Manuel Vázquez Vela y otros.”

Resulta ésta la versión más creíble sobre los orígenes del deporte de las tackleadas en México, pues tal y como lo expresaba su autor algunos de los protagonistas de aquellos encuentros aún vivían. Entre ellos había quienes serían destacados profesores (todos ellos egresados de la Normal Veracruzana de Rébsamen) como Leopoldo Kiel García, Luis N. Sherwell y González y Joaquín Balcárcel Rendón. Otros eran entonces estudiantes del prestigiado Colegio Preparatorio de Xalapa como Ángel Ochoa y Manuel Vázquez Vela. Este último, por cierto, hermano mayor de Gonzalo, quien como Secretario de Educación en los tiempos de Lázaro Cárdenas fundaría el Instituto Politécnico Nacional y patrocinaría en 1936 la primera gira del equipo representativo de esa escuela por los Estados Unidos.

De acuerdo con el reportaje, no fue ése de marzo de 1895 el único partido entre los jóvenes veracruzanos, pero la brutalidad del deporte ocasionó que casi todos los enfrentamientos terminaran en riñas y la actividad en los emparrillados improvisados de aquella ciudad no duró mucho tiempo. En realidad, el fútbol americano en aquellos lejanos tiempos era completamente distinto al actual. Por principio de cuentas no existía lo que hoy conocemos como utilería. Los uniformes eran unos pantalones tipo béisbol de una lona ligera llamada moleskin y una chaqueta de lona más pesada y algunas veces un poco acolchonada o con parches de cuero en ciertas partes. El casco de cuero, que fue empleado por primera vez en 1893 por un jugador lesionado y que no fue obligatorio sino hasta 1939, tardó tiempo en ser una protección de uso generalizado.

El campo de juego medía 110 yardas (al menos eso decían las reglas) y no existían los end zones. Cada equipo tenía tres oportunidades para recorrer cinco yardas, por lo que la jugada más común era de poder por el centro. Uno de los árbitros dejaba caer un pañuelo en el sitio donde el corredor había sido derribado. Por cierto, la jugada terminaba únicamente cuando el corredor, estando en el suelo, gritaba “Down!”

Hasta 1905 no fue permitido el pase hacia delante (solamente en forma lateral o hacia atrás). El sistema de puntuación era totalmente distinto. De hecho, el football hacía honor a su nombre, ya que la mayor parte de las anotaciones se hacían con el pie mediante un drop kick. Esta jugada, que valía cinco puntos (uno más que el touchdown), consistía en soltar el balón, patearlo de botepronto y lograr que pasara entre los postes de gol. Los balones eran entonces más redondos, por lo que conforme fueron alcanzando su forma ovoidal el drop kick fue desapareciendo.

Se jugaban entonces dos tiempos de 35 minutos cada uno y no existían ni huddles ni substituciones. Un jugador debía permanecer en el terreno durante todo el juego (tanto a la ofensiva como a la defensiva), a menos que fuera seriamente lastimado. No existía la zona neutral conocida como línea de scrimmage y sólo hasta 1888 se prohibió el bloqueo con el brazo extendido. Sin embargo, no estaba prohibido el empujar, jalar o incluso cargar a un compañero de equipo para que continuara avanzando con el balón.

Como hasta 1896 no hubo restricciones en cuanto al número de jugadores que debían estar en la línea, era común usar formaciones en masa desde el backfield. Una de ellas, la formación de kickoff conocida como flying wedge (“cuña voladora”), tuvo que ser prohibida en 1894 debido a las serias lesiones e incluso muertes que había provocado. Ésta consistía en que dos filas de jugadores (una de cinco y otra de cuatro) se colocaban aproximadamente 20 yardas detrás de la posición del balón. Estas líneas, corriendo a toda velocidad, formaban una “V” (como la típica formación de las aves en el aire) y protegía dentro de ella al corredor, el cual había recibido el balón del pateador de su propio equipo. Éste, de acuerdo a las reglas vigentes entonces, podía hacer una patada corta, de algunas pulgadas solamente, y recoger el balón él mismo. Con la prohibición del flying wedge se reglamentó que en los kickoffs el balón debía recorrer al menos diez yardas.

Es imposible saber con exactitud si fue bajo todas estas reglas que se jugó en Xalapa a finales del siglo diecinueve. De lo que sí se tiene registro es de que hubo otros encuentros en territorio mexicano en los años previos a la Revolución de 1910.

En diciembre de 1896, tras un encuentro celebrado en Austin, Texas, los ya entonces Tigres de la Universidad de Missouri y los todavía no llamados Cuernos Largos de la Universidad de Texas decidieron “huir” a nuestro país para jugar algunos partidos de exhibición. El primero se llevó a cabo el 25 de diciembre en Monterrey, con un triunfo para Texas por 18 puntos a 4; el segundo tuvo lugar en la Ciudad de México el día 27, ganando Texas otra vez 12 puntos a 6; y el tercero, celebrado también en la capital del país dos días después, resultó en un empate sin puntos.

En documentos que se encuentran en los archivos de la Universidad de Missouri, se afirma que el viaje no había sido autorizado por los directivos de ambas escuelas y que el resultado de ello fue el despido del coach de los tigres, Frank H. Patterson y la suspensión de sus jugadores. El coach de Texas, Harry Orman Robinson, también dejó al equipo tras la gira mexicana. Sobre la realización del viaje, existe también la versión de que éste sí había sido autorizado, pero que se alargó más de la cuenta provocando la preocupación de los padres de familia y los directivos de las universidades. La primera escuadra de fútbol americano en la Universidad de Missouri había sido creada en 1890, mientras que la de Texas nació tres años después.

Por otra parte, tanto Amador de Gama como el relator del semanario Esto coinciden en hablar de la realización de un encuentro de fútbol americano en Guadalajara en 1898, con lo cual este deporte siguió su camino de adopción en territorio mexicano con encuentros aislados y efímeras escuadras. En 1905, por ejemplo, en el Country Club de la Ciudad de México, se realizó un encuentro organizado por dos personas de apellido Ellion y Párraga. En ese encuentro el equipo llamado Universidad derrotó al All Varsity por 26 puntos a 6. No sería sino hasta 1928 cuando un grupo de impulsores del deporte, Francisco Contreras y Jorge Braniff entre ellos, darían origen a la primera Federación Mexicana de Fútbol Americano.

Cuando los mineros ingleses hicieron de Pachuca la cuna del fútbol soccer mexicano al nacer el siglo veinte, un grupo de jóvenes veracruzanos ya habían demostrado unos años antes en Xalapa lo que era practicar otra clase de fútbol: un juego que un protegido de Teodoro Dehesa, el pintor Diego Rivera, describiría alguna vez como “una gran pintura viviente… un arte espontáneo e inconsciente”.