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Cuando llega el retiro

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Definitivamente, un momento determinante en la vida como jugador de fútbol americano es en el cual uno mismo decide por convicción propia cuando es el momento de retirarse de los emparrillados. Para muchos de ellos el retiro llega sin pensarlo, simplemente dejan de jugar y se involucran en cualquier otra actividad, para otros, el retiro se convierte en algo improvisto, debido a una lesión que les impide regresar a los emparrillados definitivamente, dejándoles un mal sabor de boca.

Pero para algunos otros, el retiro es algo pensado meticulosamente y que les hace darle vueltas al asunto durante varias temporadas previas.

A partir de la década de los noventas, los jugadores que terminaron liga mayor tuvieron la opción de continuar en el deporte de sus amores por tiempo indefinido, ya que con la naciente liga master en el año de 1990, termino el sufrimiento de varios jugadores de ser retirados de los emparrillados mexicanos obligatoriamente al terminar su ciclo de cinco años en liga mayor.

El jugar americano en otro nivel se convirtió para muchos en una nueva y excitante opción qué les permitía seguir en la edad adulta sintiendo la adrenalina correr por sus cuerpos, a pesar de los muchos riesgos que se corren con su practica y sobre todo con la cantidad de tiempo que se le tiene que dedicar a la preparación física.

Otro factor limitante en la practica del fútbol americano a la edad adulta es el desarrollo profesional de cada individuo, el cual año con año va cargando el espacio dedicado al deporte, para dedicárselo al trabajo.

Por desgracia, muchos jugadores se quedan atrapados en las mieles del fútbol y las glorias que este conlleva, dejando atrás oportunidades de desarrollo profesional, y el tiempo que se le puede dedicar a la esposa e hijos, las cuales se convierten en unas verdaderas "viudas" del fútbol americano metacolegial

En mi experiencia personal, el fútbol metacolegial llego en el momento en el que termine mi liga mayor, convirtiéndose en mi actividad de desahogo del día, pero con el pasar de los años, me fui involucrando cada vez mas en el equipo en el que participaba, sintiéndolo como la misma liga mayor.

Los años seguían pasando, y las actividades profesionales extra fútbol seguían su curso lógico, siendo cada vez mas complicado el jugar una temporada más. Cada temporada que terminaba me preguntaba a mí mismo si seguiría para el año siguiente, pero después de unos meses de descanso volvía el ansia que sentía de chiquillo de sentir otra vez una utilería puesta sobre mi cabeza y hombros, haciéndome terminar otra vez mas en los campos de entrenamiento.

El tiempo transcurrió sin sentirlo, solo él frió me hacia pensar en el retiro cuando llegaba a mis lastimados ligamentos de las piernas. Mi vida de joven se fue quedando atrás y con esto llego el ímpetu de todo hombre de casarse y formar una familia. En mi segunda temporada de master contraje matrimonio, pero el fútbol y sus típicos eventos como fiestas y amistades seguían presentes en mi vida, sin darme cuenta de que esa rutina comenzaba a ser perjudicial para mi matrimonio.
Los problemas familiares no se hicieron esperar, pero después de dos años de "limar asperezas" mi vida de casado se asentó.

El tiempo seguía su marcha y trajo consigo los deseos de ser padre.

Un mes previo a mi cuarta temporada de liga Master recibí la noticia de que estábamos esperando un bebe, pero una noche al llegar a casa, después de un "convivió" de jugadores posterior al entrenamiento encontré a mi esposa en mal estado, la gestación se había frustrado por alguna causa. En ese momento mi sentimiento por no poder estar con ella en el momento que lo necesito, me dejo un mal sabor de boca, recriminando por primer vez en mi vida el tiempo que le estaba dedicando al fútbol americano.

Para ese entonces yo ya era un jugador destacado de la unidad defensiva en el equipo que participaba junto con otro grupo de jugadores. La liga seguía creciendo, y por lógica los diferentes intereses personales comenzaron a motivar a cada uno de esos buenos jugadores a buscar nuevo horizontes en diferentes equipos.
Después de intentar cambiarme de equipo, decidí quedarme con el que me había dado cobijo ya por seis largas temporadas, pero al termino de esa sexta temporada, al ver una foto en la cual aparecía yo con una estampa diferente a la que estaba acostumbrado a ver, comencé a pensar en que a lo mejor ya era tiempo de cerrar se ciclo de mi vida.

Otro año pasó y yo me encontraba ya con 31 años de edad. Ese año nuevamente Dios nos dio la oportunidad de encargar un bebe tras 3 largos años de intentos infructuosos.

En ese entonces ya habían comenzado los entrenamientos previos a mi séptima temporada como Master, y una noche, al despedirme de mi esposa como de costumbre, me informo que se estaba comenzando a sentir mal, pero que no me preocupara, que se iba a acostar y esperar a que se le pasara.

Esa ocasión, durante el entrenamiento, vi el fútbol americano de una manera distinta a la que estaba acostumbrado a ver.

Durante los clásicos ejercicios de tackleo, un jugador novato de renombre en liga mayor me asentó un fuerte golpe que me hizo sentir un coraje muy especial, lógicamente espere la oportunidad en otro ejercicio de regresárselo, lo cual gracias a Dios pude hacer.

El entrenamiento siguió de una manera muy normal para el resto del equipo, pero con el paso de cada minuto, yo sentía algo extraño muy dentro de mí por estar en ese campo de practicas mientras mi esposa se sentía mal en casa.

Después de un cambio a la hora de correr señales, en el cual por cierto me fue bastante bien, salí a descansar poniéndome con una rodilla apoyada en el piso y viendo el desarrollo de la practica, pero con la mente dispersa pensando en lo que había vivido años atrás en el pasado embarazo de mi esposa, un compañero del equipo se acerco a felicitarme por el desempeño que había tenido en el ultimo set de jugadas en el que había participado, y al alejarse de mi, como por arte de magia me llego el momento del retiro.

Mi tiempo había terminado, en mi vida habían ya cosas mucho mas importantes que tacklear a un jugador, o devolverle un golpe a determinado jugador. Simplemente me pare, di gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de llegar hasta ese momento y me di la vuelta desabrochándome los shoulders. A lo lejos alcance a escuchar el cambio de jugadores en el cual debía de participar, pero preferí no voltear y seguir mi camino.