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Hace 40 Años tuvimos fútbol americano profesional en México

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old_football05.jpg1969 fue un año muy especial para el fútbol americano de México. La turbulencia política del 68, que había ocasionado inclusive la suspensión de la temporada de Liga Mayor. * AZTECAS DORADOS DE MONTERREY

old_football05.jpg1969 fue un año muy especial para el fútbol americano de México. La turbulencia política del 68, que había ocasionado inclusive la suspensión de la temporada de Liga Mayor, tuvo consecuencias, de alguna manera, en las principales organizaciones. La Universidad Nacional, último campeón, no quiso dividirse y decidió no participar en la naciente Liga Nacional Colegial (antecedente directo de la ONEFA) en la que participaron tres equipos del Politécnico, Chapingo, Tecnológico de Monterrey y la Universidad Autónoma de Nuevo León. Para colmo de males, un grupo de jugadores politécnicos decidieron seguir a su coach, Manuel Rodero, y dar forma así a los después legendarios Cheyennes (más tarde Pieles Rojas) de Acción Deportiva.

Pero 1969 fue también un año en el que la afición mexicana al fútbol americano pudo presumir, aunque por un muy breve tiempo, de contar con un equipo profesional: los Aztecas Dorados de Monterrey de la Continental Football League. Esta liga, creada en 1965 por un grupo de pequeños empresarios, tenía la firme intención de llegar a competir algún día con las otras dos organizaciones existentes: la National Football League (NFL) y la American Football League (AFL). Sus objetivos de alcance continental estaban inscritos en su nombre y ya había contado, aunque no con mucho éxito, con tres franquicias en Canadá.

El propietario de los llamados Golden Aztecs, un floreciente negociante de autos texano llamado Billy Joe “Red” McCombs, vio en el crecimiento de la popularidad del fútbol americano en México, una excelente oportunidad para extender su naciente emporio. Monterrey fue la ciudad seleccionada para albergar al equipo y como gerente general y entrenador en jefe fueron nombrados, respectivamente, Dallas Moore y Duncan McCauley.

El equipo regiomontano fue ubicado en la División Texas, una de las cuatro de la liga, junto con los Toros de San Antonio, los Rockets de Dallas, los Rufianes del Oeste de Texas, los Titanes de Texarkana, los Thunderbirds de Tulsa y los Bravos de Fort Worth. Esta división texana fue una adición de la liga, que había crecido en un año de 13 a 22 equipos. Eran, definitivamente, tiempos de optimismo. Después de cuatro años algunos equipos comenzaron a operar con ganancias y, ante la inminente fusión de la NFL y la AFL, bastaba conseguir un contrato de televisión para garantizar el futuro de la organización.

Para atraer a los aficionados regiomontanos, los Aztecas Dorados contrataron los servicios de algunos (muy pocos, en realidad) jugadores de origen mexicano. Entre ellos destacaban dos: el tackle defensivo Eduardo “Caracol” Lozada, quien jugara con los Pumas de la Universidad Nacional, y el quarterback Luz Pedraza.

Lozada, un tipo alto y corpulento, había llegado en 1963 al equipo de Liga Mayor de la UNAM procedente de los Escorpiones Rojos de Ingeniería. Junto con hombres de la talla de Alberto de León, Mario Maldonado y Diego García Miravete, integraría una de las mejores líneas defensivas de todos los tiempos en México. Por su parte Pedraza, egresado de los Lobos de Sul Ross State, es considerado como una de los más grandes jugadores que haya dado el Valle de Texas junto a Tom Landry, Bobby Lackey, Sonny Detmer y sus hijos Koy y Ty, Robert Garza, Alfredo Avila, Jamaar e Earvin Taylor y Gus Zavaletta Sr. En 1961 Pedraza, de 1.80 m. de estatura y 90 kg. de peso, llevó a los Pieles Rojas de Donna High al primer título estatal para un equipo del Valle. Cuatro años más tarde, formó parte del equipo de Sul Ross que llegó a las semifinales de la NAIA (National Association of Intercollegiate Athletics). En 1967 y 1968, este certero pasador condujo a los Toros de San Antonio al campeonato de la Texas Profesional Football League, misma que un año más tarde se integraría como la División Texas a la Liga Continental.

La pretemporada no pudo empezar con mejores resultados para los Golden Aztecs. Jugando en casa en el Estadio Universitario de Monterrey, la escuadra dirigida por Duncan McCauley empata con los Búhos de Chicago y vence consecutivamente a los Vaqueros de Las Vegas, a los Rockets de Dallas, a los Petroleros de Shreveport y a los Pelícanos de Lake Charles. Estos dos últimos, equipos semiprofesionales de Louisiana que no pertenecían a la CFL, fueron aplastados por los “regiomontanos” con marcadores de 80-0 y 50-0, respectivamente. El nivel de juego de la liga, aunque lejano al de la AFL y la NFL, parecía ir en ascenso.

El 30 de agosto se esperaba una magnífica entrada en el Estadio Universitario para el partido inaugural ante los Thunderbirds de Tulsa. La pretemporada de los Aztecas había sido sorprendente. Además las bandas estudiantiles, traídas directamente del estado de Texas, le daban al espectáculo un toque realmente atractivo. El partido en sí fue emocionante. Los Aztecas vencieron 34-33 gracias al brazo de Pedraza y a las prodigiosas jugadas de Jacob Henry, Wesley Williams, Hank Luman y Curly Waters. Pero el tan ansiado lleno nunca llegó.

Cabe hacer la aclaración que aunque el promedio de entrada a los partidos de la CFL era de 5 mil 700 espectadores, había equipos, como los Neptunos de Norfolk, que promediaban 13 mil. La lluvia, el costo de los boletos y la competencia que representaba la Liga Nacional Colegial, marcaron el destino de la escuadra de Monterrey. Tras el inicio de una larga gira como visitante, el dueño “Red” McCombs anunció que buscaría cambiar la franquicia a la ciudad de México, sede donde originalmente se había pensado ubicarla. Pero la gira fue desastrosa. De los siguientes cinco encuentros, los Aztecas sólo pudieron derrotar a los Rockets por 14 a 3. Fue entonces que McCombs decidió desintegrar el conjunto cuatro fechas antes de que terminase la temporada regular.

El partido final de la CFL ese año tendría que ser considerado como uno de los más dramáticos en los anales del fútbol americano profesional. La revista Pro Football Weekly lo describió como “el juego más cercano a las ligas mayores que esta liga menor jamás produjo”. En “muerte súbita”, tras casi 75 minutos de juego efectivo, los Capitols de Indianapolis derrotaron a los Toros de San Antonio 44-38.

Ese fue también el último encuentro de la Continental Football League. La monolítica estructura que la NFL creó a partir de 1970 dejó poco espacio para la competencia. Eso lo comprobarían después la World Football League (1974-1975), la United States Football League (1983-1985), la Canadian Football League y su fallida expansión en los Estados Unidos (1993-1995) y la XFL de Vince McMahon (2001). Sin embargo, de una quincena de elementos de la Liga Continental que lograrían cierta fama en la NFL, hay que destacar a tres:

Ken Stabler, el talentoso pasador zurdo que jugara de 1970 a 1982 con Oakland, Houston y Nueva Orleans. La legendaria “Víbora de Cascabel”, que fue nombrado el mejor quarterback del siglo XX en la Universidad de Alabama y que llevó a los Raiders a la conquista del Super Bowl XI ante Minnesota, jugó para los Golpeadores de Spokane de la CFL en 1969.

Bill Walsh, el entrenador que en un lapso de 10 años con los 49’s de San Francisco (1979- 1988) los guiara a la conquista de tres títulos de la NFL. Este oscuro entrenador de colegios pequeños, que alcanzara fama nacional en 1977 con la Universidad de Stanford, fue el head coach de los Apaches de San José de la Liga Continental en 1967.

Finalmente Billy Joe “Red” McCombs, el floreciente empresario dueño del equipo de los Aztecas Dorados de Monterrey. A su imperio automotriz McCombs fue sumando otros negocios, principalmente medios de comunicación y franquicias deportivas. La Escuela de Negocios de la Universidad de Texas en Austin lleva su nombre tras un generoso donativo de cincuenta millones de dólares. “Red” McCombs, quien pensó algún día que el fútbol americano profesional podía ser una realidad en nuestro país, fue propietario en algún tiempo de los Vikingos de Minnesota. McCombs vendió el equipo en el 2005,  ¿Se acordará con nostalgia o con amargura de aquella aventura en Monterrey?