Sáb10242020

Last update11:11:07

Vietnamitas de Prepa Nueve: Aprendimos a respetarnos mutuamente

  • PDF
Usar puntuación: / 34
MaloBueno 



Cuando confirmé el juego de semifinal, que enfrentaríamos una semana después de la temporada, y que seria en contra de los Búfalos de Toluca, la cara de la mayoría de los jugadores cambio su semblante respecto al que habían mostrado durante todo el transcurso del campeonato, en el cual llevábamos una impresionante racha invicta de 12 partidos consecutivos (contando juegos de scrimmage), sin conocer el lado amargo de la derrota.

En ese momento, entre gestos de bravura, de asombro y porque no decirlo, de miedo, llego la tan esperada noticia: "Jugamos la semifinal contra los Búfalos el sábado allá en su casa, y les vamos a ganar cueste lo que cueste".

Los jugadores de esa generación nunca le habían podido ganar a los Búfalos, siendo como se dice comúnmente, sus "clientes" durante toda su infantil, juvenil e intermedia, pero esta ocasión representaba una nueva oportunidad para cada uno de ellos y un nuevo reto para toda la organización de la Preparatoria Nueve.

Una semana antes habíamos tenido la oportunidad de jugar la final de grupo en contra de los Cheyennes Zacatenco, siendo nuestro equipo totalmente superior en la cancha de juego y en el marcador, pero en esta ocasión parecía que las cosas serian diferentes.

La semana de practicas transcurrió como todas, aunque se sentía nerviosismo en el equipo, también se veía día a día más seguridad en lo que podían hacer en un esfuerzo individual y sobre todo él enfocarlo al trabajo de todo un grupo.

La tierra y piedras, que eran casi la totalidad de la cancha de entrenamiento y que tanto odie y reproche durante toda mi estancia en ese equipo, me dieron una visión muy diferente de lo que sentían aquellos jugadores por su equipo en ese momento y en todas las demás generaciones, !Orgullo ¡.

El entrenar en esas condiciones y superar todos los retos que pudieran presentarse había sido el sello característico del equipo Vietnamita por mas de dos décadas, y era mi responsabilidad en ese momento continuar con esa gran tradición, Aunque muy dentro de mí todavía no la sintiera.

Toda mi vida había enfrentado a los Vietnamitas como jugador y como entrenador, habiendo desarrollado una gran adversidad y hasta cierta repugnancia por su mística y sus colores, pero en esta ocasión por azares del destino me encontraba involucrado como head coach con ellos.
Anteriormente, siempre había coacheado a equipos del campus Universitario, los cuales hasta la fecha tienen toda la infraestructura como para ser de los mejores y lógicamente nuestra visión hacia los Vietnamitas era de burla o hasta de lastima (aunque siempre nos ganaran).

Pero esta ocasión me encontraba igual que ellos: entre tierra, piedras, vidrios, uniformes parchados, cascos rotos, sin balones, sin ningún tipo de material de campo, pero con algo muy particular que nos ataba en el fondo, algo muy diferente a lo que había sentido cuando trabajaba para los equipos de CU y que llenaba mi corazón de animo cada que tenia que ir a trabajar con ese gran grupo de futbolistas y que aun no comprendía en el fondo.

Era el corazón de un verdadero jugador de fútbol, aquel que se presenta a un campo de juego con toda la intención de ganar, pero que basa su espíritu competitivo en su férrea preparación tanto física como mental a través de su trabajo en el campo de practicas, un campo que les enseña a superar todo dolor físico causado por las condiciones de la cancha, como cortadas, dolores de rodillas, problemas respiratorios por el exceso de polvo, infecciones en la piel, etc.

Al final de la semana ahí estábamos todos estos muchachos y los coaches en el campo de Toluca después de una semana de arduo trabajo, llenos de esperanza y sobre todo llenos de orgullo, tanto por haber logrado el campeonato una semana anterior, como por sentir ese deseo de revancha que solo sienten los verdaderos atletas cuando son derrotados.

En el equipo de Búfalos se encontraba jugando Orlando Padilla # 5, un extraordinario jugador de facultades impresionantes, en el cual los Búfalos basaban toda su confianza poniéndolo de la posición que hiciera falta.

Recuerdo que al empezar el calentamiento para el juego, varios jugadores tenían la vista clavada en como se vendaba, uno de ellos, el "Tomy" jugador bajito pero con unos pantalones gigantes, me dijo totalmente decidido, "lo vamos a reventar coach". Dentro de mí dude un poco en sus palabras, pero después de un rato de ver el comportamiento de nuestro equipo comencé a creerle.

El juego transcurrió difícil para los dos equipos, seria mentira decir que alguno de los dos se veía superior a otro, como también seria falso el tratar de narrar todo el encuentro, ya que hay cosas que obviamente ya no recuerdo, pero lo que nunca se me podrá borrar son los tres últimos minutos de ese juego.

Después de una anotación de Búfalos, íbamos perdiendo por 5 puntos y parecía que seria el final de esa gran tradición, pero la tribuna Vietnamita seguía animando al 100%, como era su característica, transmitiendo una energía totalmente inexplicable.

Búfalos pateo el kickoff para dejarnos dentro de nuestra yarda 30, con aproximadamente dos minutos de juego. Nuestra ofensiva logro hilvanar un drive histórico que culmino en una dramática anotación que nos puso adelante en el marcador con menos de minuto y medio de juego, para entregarle la bola nuevamente a los Búfalos de Toluca confiando plenamente en nuestra unidad defensiva.

Después de un primero y diez aéreo que ponía a Búfalos dentro de nuestro campo con escasos 50 segundos de juego, vimos a Orlando (quien por cierto había brindado un gran juego) salir del campo lastimado o cansado, y la emoción que se vivía en esos momentos dentro de la banca de nosotros era indescriptible, los jugadores defensivos se debatían en el campo de juego entre los gritos de apoyo y las lagrimas incontrolables de casi todos los jugadores que se encontraban afuera del campo, la tribuna no dejaba de gritar demostrando su apoyo incondicional al equipo, y los segundos transcurrían lentamente, cuando comencé a escuchar el típico conteo de la tribuna dando los diez últimos segundos de juego, para escuchar al final del conteo el silbato del arbitro y ver su mano levantando el balón de juego para marcar el final del encuentro.

La proeza se había logrado, por primera vez esa generación había podido vencer a su equipo "coco" y lograba mantenerse invicto por 13 jornadas consecutivas logrando así ganar el derecho a disputar la final de onefa.

Las lagrimas del "Tomy" al final del encuentro se me quedaron muy grabadas en la memoria, ya que era uno de los jugadores mas entregados a la organización, aunque su actitud superaba en mucho a su aptitud y él había sido uno de los pocos jugadores que cuando llegue al equipo como coach no me había demostrado su inconformidad y desagrado hacia mi persona.

Al final entre lagrimas y gritos de emoción recuerdo haberlo abrazado e intercambiado palabras, pero lo más importante de sé momento no fue lo que pudimos habernos dicho, sino que por primera ves había sentido lo que significaba ser Vietnamita y toda su gran tradición.

La gente bajó de la tribuna para felicitar efusivamente a los jugadores, los abrazos y felicitaciones por parte de los aficionados y familiares no se hicieron esperar, en ese momento recordé todas las veces que me había tenido que enfrentar a ellos y al final del encuentro salía derrotado sin saber realmente él porque.

El orgullo de ese equipo era totalmente superior a cualquier estrategia de juego, o a cualquier grupo de jugadores con facultades que los enfrentaran.

De regreso a la Ciudad de México casi todos los jugadores y sus familias se pararon en algún lugar de la carretera México-Toluca, a festejar entre comida y bebidas, degustando entre algunos platillos comprados y algunos preparados con demasiado cariño por las mamas de los jugadores, por primera vez viví y comprendí a fondo el verdadero significado del apoyo de las familias hacia un deportista, y a su vez por primera vez también sentí cuando alguien te ofrece lo mucho o lo poco que poseen de todo corazón.

Al fin era realmente parte de ellos, después de tantos problemas para lograr integrarme a la organización los cuales no valen la pena mencionar, al fin había logrado convertirme en una pequeñísima parte de esa grandiosa historia.

Después de un rato de compartir un excelente momento, con un gran nudo en la garganta decidí retirarme sin avisar, antes de derramar una lagrima de sentimientos encontrados.

En ese momento aprendí a respetar y a querer a ese equipo, y estoy seguro que en ese momento ellos aprendieron a respetarme.

Con el paso de los años he visto a muchos de ellos triunfar en la liga mayor en diferentes organizaciones, yo sentado desde la tribuna sin que ellos se percaten de mi presencia.

Es increíble el sentimiento que me invade cada que veo a uno de ellos hacer una jugada grande, e inmediatamente llega a mi memoria recuerdos de alguna jugada similar en la que participaron en aquella semifinal con el uniforme azul de aquellos vietnamitas.

Algunos otros no tuvieron la fortuna, o simplemente el interés de continuar en este maravilloso deporte, pero de igual manera sé en el fondo, que lo que vivieron ese día lo guardaron en lo mas profundo de su corazón.

A toda esa generación Vietnamita de intermedia 97 que Dios los bendiga donde sea que se encuentren.