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Para muchos residentes de Nueva Orleans, la ciudad
asolada por el huracán Katrina, los Santos llevaron más que un trofeo
el lunes cuando llegaron a casa con el primer título del Super Bowl de
la franquicia en sus 42 años de historia.
"Nuestro espíritu está
renovado", dijo Peggy Fuselier, una de las miles de personas que se
agolparon en el bulevar de los Veteranos, en las afueras del aeropuerto
internacional, para vitorear a los campeones. "Esto es lo mejor que le
podría haber pasado a esta ciudad", agregó.
Para muchos, los
Santos consiguieron algo de redención y liberación del horror de
Katrina, que dejó bajo el agua al 80 por ciento de Nueva Orleans y a
unas 1.500 personas muertas hace cuatro años y medio.
Nueva
Orleans sigue teniendo problemas. Tiene una de las tasas de asesinato
por persona más altas del país y muchas casas siguen inhabitables por
los daños causados por la inundación.
Pero, tras una vacilante
recuperación de Katrina, los Santos le dieron a Nueva Orleans la
posibilidad de cerrar un terrible capítulo de su historia y mirar hacia
adelante con espíritu ganador.
Los Santos, creados en 1967,
fueron por décadas uno de los peores equipos de la NFL. La
transformación en una poderosa máquina de anotar puntos llevó a los
hinchas a profesarle una dedicación casi religiosa.
Como testamento de ese fervor, la primera plana del Times-Picayune, el diario local, estuvo dominada con una palabra: "Amen!".
La
audiencia del partido del domingo fue de 106,5 millones de personas, lo
que marcó un récord como el programa más visto en la historia de la
televisión estadounidense, de acuerdo con los primeros datos dados a
conocer el lunes.
Una vez que los Santos se aseguraron la victoria 31-17 sobre Indianápolis, la celebración se apoderó de la ciudad.
"Cuando
uno ve gente sentada llorando porque un equipo de fútbol ganó, eso lo
dice todo", dijo Charlie Martinez, encargado del Bourbon Vieux, un
restaurante de Bourbon Street.
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